¿Alguna ves han sido defraudadas sus expectativas? Creo que a todos nos ha ocurrido eso.
La razón es porque todos nos hacemos expectativas. Dios nos dio la capacidad de poder hacérnoslas.
Aunque las expectativas son por lo general útiles para trazar un curso y mantenernos enfocados; por otro lado, debemos tener mucho cuidado con ellas.
Ellas pueden fácilmente convertirse en nuestros propósitos en todo lo relacionado en la vida.
Me explico. El veneno numero uno que infecta las relaciones de cualquier tipo, son las expectativas. Cuando un conyugue, novio, novia, jefe, empleado, oveja o pastor; es motivado y orientado en lo relacional por expectativas, cuando estas no son satisfechas, la decepción, frustración y coraje se apodera de las emociones, actitudes y por ende los comportamientos.
Comportamientos infectados de resentimientos y dudas. De inseguridad y temores.
Aunque Dios nunca defrauda porque en su esencia el no puede fallar. No por eso El siempre responde o actúa de acuerdo con nuestras expectativas.
El problema obviamente no es Dios, son nuestras expectativas que son imperfectas y por lo general egoístas. Al Dios no satisfacerlas simplemente porque no están de acuerdo con su perfecto designio y voluntad para nuestro bienestar, nos frustramos y descorazonamos contra Dios.
Fíjese que dije nuestro bienestar. Si, Dios nos responde y actúa de acuerdo con su propósito eterno para con nosotros. El no solo se mueve dentro de las circunstancias del momento, sino conforme al propósito eterno preordenado para con nosotros.
Pero es dentro de las circunstancias momentáneas y transitorias que nos forjamos expectativas esperando que, por alguna razón, ya sea por méritos, obras, recompensas, justicia, retribuciones etc. Nos hacemos expectativas de esto o aquello.
Aquí les presento uno de los pasajes que mejor explica lo antes expuesto:
“Sin embargo, cuando yo esperaba el bien, entonces vino el mal; cuando esperaba la luz, vino la oscuridad. Mis entrañas se agitan sin reposo, por los días de aflicción que me han sobrecogido. Ando ennegrecido, y no por el sol; me he levantado en la congregación, y he clamado. He venido a ser hermano de chacales y compañero de avestruces. Mi piel, ennegrecida, se me cae, mis huesos arden de calor. Mi arpa se ha cambiado por luto, y mi flauta por voz de lamentadores.”
Job 30:26-31
Cuando Job esperaba (Tenia la expectativa), de recibir el bien, entonces vino el mal. Cuando esperaba luz, vino la oscuridad.
Dentro de el se agitaban sus entrañas, o sea, estaba en un severo estrés. Estrés que el describió como días de aflicción que le habían sobrecogido.
Job dijo que había clamado en la congregación, pero estaba solo.
¿Haz sentido que cuando tus expectativas no ser satisfechas te sobrecoge el estrés y la aflicción? ¿Te sientes solo y que cuando clamas sientes que nadie te responde?
Lo irónico es que luego de haber experimentado tal condición, continuamos viviendo de acuerdo con las expectativas.
Confiar en que lo que tenemos como expectativa se debe materializar, procede de nuestro egoísmo. La no materialización de la expectativa, si no se tiene cuidado, contribuye a que se distorsione en nuestro corazón la divina voluntad soberana.
Job en el lamento por su condición, a pesar de su integridad ante Dios, tuvo que aprender a no vivir de expectativas.
¿Qué le hacia a el esperar el bien? ¿Por qué el esperaba luz? ¿Habrá sido por su forma piadosa de vivir? ¿Por qué cada día sacrificaba ofrendas delante del Omnipotente?
Nunca pongamos expectativas como estándares para nuestras vidas. Las expectativas son meramente eso, expectativas. Son pensamientos arropados con sentimientos de auto gratificación, que necesariamente no son influenciados por el poder de Dios. Son deseos del alma y colchones para la consciencia.
No confiemos en ellas como el acimut para nuestro peregrinar en esta Tierra.
Alguien se preguntará. ¿Por qué debemos confiar solo en Dios sin esperar que mis expectativas sean satisfechas? Aquí la respuesta:
“porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aún más allá de la muerte.” Salmos 48:14
El sigue siendo nuestro guía, protector y sobre todo Dios, más allá de donde no existen expectativas, más allá de la muerte.
Solo confiando;
Israel